Osuna
En el 45 AC la pequeña villa de Urso ya existía: Se sabe que en ese año fue tomada por las tropas del César. De tan lejos le viene el nombre a Osuna y el de ursaonenses a sus habitantes. La que en 1562 obtuviera el título de villa ducal parece un espejismo en el camino.
Resplandece Osuna bajo el cielo azul; me adentro en su blancura. La salpican la piedra marrón de sus doce iglesias y conventos, los magníficos portales de las casas solariegas que repiten columnas toscanas o corintias en sus flancos, la belleza oscura de la espléndida forja. Y allá arriba, luego de recorrer la comercial calle Carrera, domina grande e imponente La Colegiata.
Osuna se respira fresca y bulliciosa, limpia en sus calles empinadas y adoquinadas, aunque exuberante detrás de sus muros. Crecen enredadas buganvillas y madreselvas, geranios en las ventanas, palmeras, higueras y naranjos en los patios. No puedo más que imaginar el perfume que invadirá las calles y plazas en primavera.
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