Calles de Praga
Con esta.... narración, quiero terminar algo que empece en el anterior rincón, Pivo czech; acabé entonces aludiendo al silencio de Praga, y dije que era otra historia.... esta es.
Praga no es una ciudad que tenga significantes puntos de interes, emblematicos monumentos, ni tan siquiera tiene algo por lo que la gente normal, no viajera, la conozca; si hojeas las guias te confirman éste apecto: Grandes parques, edificios medievales, su fantástico puente, gigantescas plazas, y el castillo más longevo de Europa, donde puedes descubrir una cantidad enorme de curiosas vivencias historicas de la ciudad desde sus origenes. Pero todo esto ya lo sabe quien vaya a ir; en cualquier pagina, incluso en esta, te daran multitud de ideas, lugares y actividades para recorrer en unos pocos días. Sin embargo hay algo que solo se puede ver, sentir, si se va totalmente desnudo de itinerario, sin rumbo. Cuando cierras la guia porque ésta no te enseña nada, porque crees que solo te hace perder el tiempo, ese del que tú no dispones y que intentas aprovechar al maximo. Hay gente que viaja, y va recorriendo los puntos turisticos con desazón, con angustia, incluso aveces, con impaciencia; tachan los lugares visitados en la guia como el que tacha los tesoros descubiertos de un mapa antiguo, fotografían el momento, "Mari, ponte ahí, que se te vea", recorren rutas organizadas por mediadores con fines comerciales argumentando que ésto es lo mejor de la ciudad, comen y beben en restaurantes recomendados por paginas y webs con patrocinios dudosos, y al final, lo lamentable es, que cuando llegan a su ciudad de origen pueden decir en alto que han estado en este o en aquel sitio, que han ido allí o aquí, pero lo que ignoran es que siplemente han estado, y no han visto o vivido la ciudad. Tienen que recurrir a sus fotos para recordar algo de lo que allí dejaron. Quién de vosotros alguna vez no ha visto las fotos y ha dicho, "Esto qué era, esto dónde fue". Desde aquí, y desde mi más humilde opinión, quiero dar un consejo a los viajeros de Minube y a los mochileros en general, digo mochileros porque creo que es la forma más profunda de descubrir una ciudad, de sentirla, olerla, saborerla, oirla, y con ayuda, solo para esto, de las guias, entender y conocer un poco su historia.
Lo que más me sorprendio y me llamo la atención de Praga fue su soberbio silencio. Ese mutismo recorre la calles de forma inexorable, se expande por sus distritos, sus bares, restaurantes, plazas, parques; es una mezcla entre sigilo, miedo, respeto y tolerancia. A cualquier sitio que vayas y por cualquier calle que te dirijas, el mutismo te sigue, su eco es el único comañero de aventura, en ocasiones es tu propio sonido reverberado el que te sigue, te giras incluso buscando ese..... halo acosador, crees por momentos que es el temido Golem que te acecha, puede ser incluso el fantasma de Kafka, el anima de Neruda. Pero no es nada de eso. Es simplemente silencio, silencio desesperante, silencio poetico, silencio eterno; un silencio que se toca, que huele a humo, como el ahumado de sus carnes. Un silencio roto solo por alguna puerta abierta de uno de su bares de alterne dudoso, por un violín de sonido lacónico llegado de algún soportal, de alguna esquina, desde algún jardin. Un reposo coreado por los pequeños saltos del Moldava. Un espejo en calma donde el castillo recortado en el horizonte de la noche se refleja iluminado por unas luces ficticias desde el suelo y la mirada autentica de venus desde el cielo.
Regresas a tu hotel, en silencio, a oscuras, entumecido de frío humedo del relente de su caudal. A tu alrededor iglesias cerradas, casas de okupación, un ligero olor a cable electrico, y una vez más ese eco, el de tus pasos, ésos que te siguen y te guían como el rail de acero incrustado en en adoquin con destellos fugaces.
Un silencio sólo desquebrajado por el traqueteo del viejo tranvia que recorre sus calles.
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