El lago Tjörn
El lago Tjörn de Reykjavík fue nuestro primer contacto con el tranquilo ritmo de vida adoptado por los ciudadanos de la capital de Islandia. Está ubicado en el corazón del casco antiguo y estaba a medio camino entre nuestro hotel y el puerto, por lo que pasamos por allí varias veces.
Más que de un lago podríamos hablar de un estanque urbano. Su historia tiene una importancia capital para los islandeses, pues fue el lugar donde desembarcaron los primeros colonos en el siglo IX, liderados por Ingólfur Arnason.
Allí nos dimos cuenta de que gente, lo que se dice gente, no veríamos mucha en Islandia. Es el punto más céntrico de la capital del país y se respiraba tranquilidad por los cuatro costados. Y eso que era el mes de agosto, en el que mejor tiempo hace en Reykjavík.
El lago Tjörn de Reykjavík es el lugar perfecto para pegar un tranquilo paseo, tumbarte un rato a la bartola sobre el césped o jugar con los niños sin temor a nada. Sosiego sin ningún tipo de preocupación más que darle de comer a los patos. Por eso la zona estaba frecuentada sobre todo por familias enteras disfrutando del buen tiempo sin agobios. Me imagino que en invierno será muy distinto.
En Tjörn es precioso contemplar las tradicionales casas de colores reflejadas sobre sus aguas y algunos de los peculiares edificios de la zona. El más representativo es una iglesia protestante que veis en la imagen. Justo al lado está ubicada la galería nacional de arte de Islandia, a la que fuimos días después.
Otro edificio popular emplazado junto al Tjorn es el Ráðhúsið o ayuntamiento, que sólo visitamos por fuera y que no es gran cosa pese a ser el más importante del país.
Además de pasear, charlar y disfrutar de la tranquilidad de sus aguas y parques, el lago Tjörn de Reykjavík es célebre por las cerca de 40 aves distintas que reposan sobre sus aguas, aunque para los no iniciados seguramente que los patos son los que más nos llaman la atención.
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