Fontana de Trevi
La Fontana de Trevi tiene sus orígenes hacia el año 19 AC, cuando se descubrió un manantial de agua pura muy cercano a Roma, lo que se atribuyó a la intervención de la virgen. Este manantial dió origen a la construcción de un acueducto en cuyo final, como era costumbre en la época, se construyó una fuente, la primitiva Fontana de Trevi.
La monumental fuente que hoy admiramos fue construida en el siglo XVIII por un hombre casi desconocido, llamado Nicola Salvi, que sorprendió a todos con este diseño asombroso. Los trabajos para su construcción se prolongaron durante 30 años y acabaron arruinando la escasa salud de Salvi, que murió sin poder acometer otros proyectos y sin ver terminada su hermosa fontana.
Una de las características destacadas de la Fontana di Trevi es el contraste entre la monumentalidad de la fuente y la estrechez de la plaza en que se encuentra: tan escondida entre callejuelas que cuesta trabajo encontrarla. Se pretende suscitar la sorpresa del turista, que queda fuertemente impresionado cuando se topa de bruces con la fuente.
Pero de lo que yo quería hablar es de sus figuras.
En la parte superior campea el escudo del papa entre dos famas aladas que tocan alegres sus trompetas.
Bajo ella cuatro esculturas de bulto redondo representado las cuatro estaciones, el paso del tiempo, circular y cíclico (como el agua)
A ambos lados de la figura principal dos relieves que nos cuentan el origen de esta acqua Vergine, cuando los soldados de Agripa la descubren gracias a una zahorí y el propio Agripa ordena la creación de su encauzamiento.
Otras dos figuras de mayor tamaño muestran los beneficios de esta agua: La salubridad (la serpiente, como todavía ocurre en el símbolo de las farmacias se asociaba a Esculapio, el dios de la medicina).
Y los bienes materiales que aportan (fijaros en el cuerno de la abundancia).
Y al fin el lugar central bajo un arco triunfal Neptuno. La figura del océano como un verdadero titán que vuelve a recordar tanto a las figuras de Bernini como las de Miguel Ángel.
A ambos lados, creando un triángulo central que atrae la mirada, dos tritones tocando sus caracolas que intentan domar a los caballos marinos alados que arrancan furiosamente hacia el espectador, chapoteando ruidosamente en el agua.
El conjunto es impresionante, cuando la ves, quedas por unos momentos hipnotizado por su belleza.
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