Puente de Erasmo
Las ciudades, generalmente, se me quedan guardadas en el cerebro de diferentes maneras. Algunas, por su gente. Otras, por su olor. O por el ruido. O por la arquitectura, las calles, los colores...
Róterdam, por lo que sea, se me ha quedado grabada por sus puentes. Y el de Erasmo, el Erasmusburg, tiene gran culpa de ello.
Lo cierto es que, a simple vista, me dio por pensar que era de Calatrava. Imagino que uno está ya acostumbrado a ver este tipo de construcciones y asimilarlas a las del arquitecto español. Pero nada que ver. Se trata, según me comentaron, de la obra de un artista joven de Ámsterdam que, a día de hoy, se ha convertido en santo y seña de la ciudad.
Se puede ver desde casi todos los sitios y, cómo no, recomiendo cruzarlo... en bici.
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