Vejer de la Frontera
Este pueblo de cuento parece ‘escapado’ del puñado de pueblos blancos de la Sierra de Grazalema. Y digo escapado porque se les asemeja en blancura y en belleza, aunque está muy solo y más al sur, encaramado sobre una colina a 9 kilómetros de la Costa de la Luz. El pueblo de origen árabe encanta de día y enamora de noche. Desde la tranquila plaza rodeada de palmeras y donde rumorea una fuente, Vejer, hecho de luz y cielo celeste, es un laberinto de callejuelas que trepan, se bifurcan, desaparecen y vuelven a aparecer. Las casas encaladas –algunas de ellas convertidas en pequeños hoteles con encanto y restaurantes-, invitan a trasponer sus puertas y disfrutar del frescor de sus patios, del aroma de sus flores y del silencio de sus siestas. Vejer es de esos rincones que, como un secreto, uno querría guardar para sí.
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